Desde el pasado fin de semana, la imagen de Nuestra Titular se presenta a todos sus devotos vestida con su terno de luto, propio del período en el que nos encontramos. Durante algo más de tres horas en la desapacible noche el viernes día 6, el equipo de mayordomía y el vestidor de la imagen, José María Serrano Lanzas, se sumieron en un profundo acto de intimidad con nuestra Madre, para acicalarla y revestirla con toda la dignidad que Ella se merece.
Nuestra Señora luce para la ocasión un encaje de líneas geométricas y apagado color que realza su policromía y combina a la perfección con el color azabache y dorado del manto y brocado del vestido. Así mismo, la "Niña de Santa Catalina" como ya se la llama en algunos sectores cofrades, estrena, aparte del citado encaje, un collar de perlas donado por un devoto, que se ha completado con un antiguo camafeo y que se engarzan al delicado cuello de la imagen, recatando las vueltas de encaje en esta zona. Alrededor de su rostro el tocado adquiere mayor dinamismo, recogiéndose en dos pequeñas chorreras que le caen a ambos lados sobre el encaje del manto. Su faz se orla con el aro de estrellas y su cintura se ciñe con una sencilla sardineta y borlones en oro, mientras que de sus manos (colocadas con suma dulzura, llevando una al corazón y la otra al espectador) sostiene su pañuelo habitual y un rosario decolor negro con la imagen de Ntra. Sra. de los Dolores Coronada, de la Hermandad de los Dolores del Puente, de Málaga.
Podemos decir que María Santísima de la Estrella se nos muestra en sí misma como una viuda cortesana, que recuerda a la forma de vestir de las dolorosas "de riguroso luto" gaditanas. Aparece esta vez sin el habitual pollero, lo que refrenda esta visión de ella antes comentada, pues el que tiene se está sustituyendo por otro de mayor solidez y que dé una mayor elegancia a las próximas vestimentas de María Santísima de la Estrella. Pero todo cobra aún más sentido al decir que sin el esfuerzo de aquellas personas que están junto a Ella, nuestra Madre no luciría con todo el esmero y el máximo cuidado de los detalles, pues su disponibilidad y buen hacer dan muestra de ello. Enhorabuena al equipo de mayordomía y a su vestidor.
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